Estimados colegas:


Quizás no hayáis oído hablar de ellas, pero, como especialista en esta obra de historiografía, me siento en la obligación de comunicar esta efeméride. Os expongo brevemente de qué va la obra y su importancia. Ahora llega el momento Paco Umbral: si alguien está interesado en esta obra, en sus textos griegos, su traducción, etc., os podéis bajar gratuitamente de internet mi tesis en esta dirección: http://www.dpz.es/ifc2/libros/ebook2721.pdf.


Un siglo de Helénicas de Oxirrinco

El día 13 de Enero de 1906, gracias a los trabajos arqueológicos de los británicos B. P. Grenfell y A. S. Hunt, volvieron a ver la luz en Oxirrinco, en el desierto egipcio, tras siglos de oscuridad, una serie de papiros escritos en caracteres y lengua griegas, de un tamaño bastante extenso –setenta y dos fragmentos que ocupan al menos veintiuna columnas-, en los que se nos ofrecían jirones de una historia de Grecia del siglo IV a. C. Tras dos años de estudios y la colaboración de eminentes estudiosos de la época, como Ed. Meyer, U. von Wilamowitz-Moellendorff, F. Blass y W. Dittenberger, la encomiable labor papirológica de Grenfell y Hunt, sobre todo, para poder transliterar y editar el texto y también para poder localizarlo dentro de la historia de la literatura y de la historiografía griegas se plasmó en la editio princeps [The Papyrus Oxyrhynchus V 842 (1908), pp. 110-242] de los llamados Fragmentos Londinenses que constituían una porción más bien pequeña de unas Hellenica que desde muy temprano recibieron el calificativo de Oxyrhynchia, en recuerdo del emplazamiento en el que fueron descubiertas.
La importancia del hallazgo se ha visto reforzada en dos ocasiones más a lo largo de este siglo. En 1934 una expedición italiana descubre también en Oxirrinco, gracias a Evaristo Breccia, otra serie papirácea, de una extensión más discreta –sólo cuatro fragmentos de siete columnas-, que ofrecía retazos de cuatro episodios pertenecientes a una narración histórica cuyas características coincidían con las de las Helénicas de Oxirrinco; no obstante, no será hasta quince años después cuando Vittorio Bartoletti [Rivista Storica Italiana 61 (1949), pp. 236-240] publicó estos Fragmentos Florentinos (catalogados como PSI 1304) clasificados ya como una parte de ellas. Finalmente, casi treinta años después Ludwig Koenen [Studia Papyrologica 15 (1976), pp. 39-79] editó otro pequeño papiro –cuatro fragmentos de tres columnas- hallado en Teadelfia en 1971 (lugar en el que se encontraron lotes de papiros procedentes de Oxirrinco); su narración histórica y su estilo obligó a adscribirlos como una tercera parte de las Helénicas de Oxirrinco bajo la denominación de Fragmentos Cairotas (catalogados como P. Cairo temp. inv. no. 26/6/27/1-35).
El conjunto de todos estos hallazgos supone hoy uno de los textos literarios más extensos escritos sobre material papiráceo (probablemente el más extenso de los hallados en Oxirrinco, después del manuscrito del Symposium de Platón, y uno de los más importantes desde el punto de vista de la historiografía, después del hallazgo en 1890 de la 'Αθηναίων Πολιτεία), aunque, lamentablemente, sólo nos han permitido conocer entre un cinco y un diez por ciento del total de la obra. Entre los fragmentos no ha sobrevivido ni el inicio ni el final, lo que ha impedido conocer su autor, su fecha de composición, la extensión de la obra y el intervalo de años que cubren los hechos narrados. Con todo, sí que nos han transmitidos pasajes de gran interés histórico e historiográfico como la descripción de la constitución federal beocia en el cambio de los siglos V a IV a. C., hasta ahora conocida muy parcialmente; como la narración de la campaña de Agesilao por Asia Menor, completamente divergente de la ofrecida por Jenofonte; y como el estallido de la Guerra Corintia.
Las Helénicas de Oxirrinco, sin duda, son una suite de la obra inacabada de Tucídides (al que se cita expresamente en Hel. Oxy. V 1, 40: περι ης και Θουκυδίδης ειρηκε), por cuanto completa la narración de los acontecimientos hasta el final de la Guerra del Peloponeso, pero, además, es una continuation de Tucídides, al extender la narración a la Guerra Corintia y finalizar tras la batalla de Cnido, en el 394-393 a. C. Del gran historiador ateniense heredará también el sistema cronológico, sólo utilizado por Jenofonte en sus dos primeros libros de sus propias Helénicas, por el que el recuento de los años de guerra se hace con la subdivisión por veranos e inviernos -κατα θέρος και χειμωνας- (como atestigua otro pasaje, Hel. Oxy. XII 1, 84-87: τα μεν αδρότατα των ... εν τωι χειμωνι τουτωι συμβάντων ουτω εγένετο, αρχομένου δε του θέρους τηι μεν ετος ογδοον ενειστήκει), introduciendo, además, el historiador de Oxirrinco una nueva cuenta para la continuation de Tucídides.
La dependencia respecto de Tucídides se manifiesta en otros aspectos como en la autopsía de algunos de los acontecimientos y en la confirmación como fuente primaria de los mismos, en la búsqueda de las causas y detonantes de los hechos, en el análisis de las circunstancias políticas internas y externas de las diversas polis, en el estudio del papel de Persia en la Guerra Corintia y sus ingerencias en los conflictos griegos. Lo separan, por el contrario, de Tucídides su estilo monótono y poco vigoroso, su excesivo gusto por la introducción de digresiones que distraen el tema central de la narración y la ausencia de discursos políticos o arengas militares.
La buena consideración en la que se tiene al historiador de Oxirrinco también está basada en el hecho de que su narración histórica difiere por completo de la tradición histórica y literaria transmitida por las Helénicas de Jenofonte, al tiempo que su versión resulta más fiable y detallada en la mayoría de los casos en que se pueden comparar sus relatos de idénticos acontecimientos. Además, la versión histórica de las Helénicas de Oxirrinco supone el inicio de otra tradición histórica, por cuanto es fuente directa de Éforo de Cumas y de Diodoro Sículo, cuyas narraciones se ven ahora revalorizadas, llegando incluso ecos de esta versión a autores como Plutarco, Pompeyo Trogo, Justino y a Aristóteles para su Athenaion Politeia. Paralelamente, algunas coincidencias léxicas e históricas relacionan al historiador de Oxirrinco con Isócrates, de quien fueron discípulos Teopompo de Quíos y Éforo de Cumas.
La recuperación de esta obra perdida, no obstante, suscitó un fuerte debate dentro de la investigación moderna, por cuanto muchos son los problemas que todavía hoy quedan sin resolver; sin atrevernos a equivocarnos, parafraseando la “cuestión tucidídea”, deberíamos llamar “cuestión oxirrinquia” al conjunto de aspectos por determinar respecto de la obra. Aunque todo un siglo de filología, historiografía e historia no han podido resolver los grandes enigmas que las Helénicas de Oxirrinco han planteado, al menos sí que han contribuido enormemente a conocer la obra y la historiografía del siglo IV a. C.
La gran cantidad de papiros históricos descubiertos en Oxirrinco obligó a sopesar la posibilidad de que otros fragmentos papiráceos pertenecieran a las Helénicas de Oxirrinco. La comprobación se ha hecho con los papiros de Oxirrinco II 302, XI 1365 y XIII 1610, así como con el papiro de Michigan 5982, completado con otro papiro de Michigan, el 5796b. En todos los casos se ha barajado la posibilidad de adjudicarlos a Éforo, al historiador de Oxirrinco o a autores desconocidos, sin que pueda negarse tajantemente en ningún caso que el historiador de Oxirrinco sea el autor todos o de alguno de los cuatro.
La cuestión de la autoría ha sufrido con el transcurrir de este siglo una reducción en cuanto al número de candidatos. Desde un principio se propuso a Teopompo de Quíos y a Cratipo de Atenas; después la lista se amplió a Démaco de Platea y a Éforo de Cumas; de manera esporádica se citaron nombres como los de Anaxímenes de Lámpsaco y Zoilo de Anfípolis. La candidatura de estos dos últimos y la de Démaco fueron inmediatamente descartadas, si bien S. Hornblower [El mundo griego 479-323 A.C., Barcelona, 1985, p. 112] ha querido resucitar la autoría de Démaco sin mucha convicción. Éforo tampoco tardó en ser descartado prontamente, antes de los años cuarenta. Desde entonces la candidatura de Teopompo fue abandonada hasta que en 1972 G. A. Lehmann [Historia 21 (1972), pp. 385-398] la impulsó con numerosos artículos, logrando la aceptación de algunos investigadores. Sin embargo, la única candidatura que en ningún momento ha perdido vigor ha sido la de Cratipo, del que apenas se sabe nada y que, por ello, tiene menos argumentos en contra para ser descartado como autor de la obra. En la actualidad, mayoritariamente los investigadores se decantan por Cratipo o un autor anónimo.
Otra cuestión todavía sin solventar hace referencia a la cronología de la obra y a la disposición de los acontecimientos (las διαιρέσεις de Tucídides). De un modo semejante a la narración de Jenofonte que presentaba un problema de cronología para el período de los años 410-406, en las Helénicas de Oxirrinco la cita del año octavo de una nueva cuenta de años de guerra ha obligado a buscar cuál era el año uno, es decir, el momento en que se daba por concluida la Guerra del Peloponeso y se iniciaba un nuevo período narrativo; evidencias internas del texto parecen apuntar, con ciertas reservas, a que el inicio de la hegemonía espartana en el 402 pueda ser el nuevo punto de partida cronológico. Por otro lado, el otro problema viene ya heredado de la cuestión tucidídea, y tampoco ofrece muchos visos de solucionarse, ya que las pocas veces que se mencionan las estaciones en las Helénicas de Oxirrinco (una vez la primavera, tres el verano y otras tres el invierno) no aparecen vinculadas a ninguna fecha determinada ni a ningún fenómeno astronómico que permita determinar un momento fijo para el inicio de las estaciones ni para establecer la rigidez o la flexibilidad del año estacional tucidídeo.
Por último, quedaría explicar el enigma de por qué una obra tan importante, escrita en Grecia en la primera mitad del siglo IV a. C., desapareció durante siglos para volver a aparecer en Egipto copiada al menos en tres ocasiones entre el siglo I y II d. C.
No exageramos si decimos que del análisis de todo un siglo ya de Helénicas de Oxirrinco y de investigación sobre las mismas, quizás el aspecto más relevante ha sido la transformación radical en el concepto y en el estudio de la historia y de la historiografía griega del siglo IV a C., por cuanto su descubrimiento ha obligado a una revisión del valor historiográfico de Jenofonte con continuador de Tucídides, así como de la tan manida polémica sobre sus continuadores; también ha llevado a la reafirmación de otra tradición histórica no jenofontea y a la reconsideración de autores como Éforo y Diodoro; y esa transformación ha renovado la perspectiva que desde las disciplinas filológica e histórica se debe aplicar a la historiografía y a la historia fragmentarias y papiráceas.
Sin embargo, queremos finalizar con una serie de críticas: a pesar del excelente comentario de I. A. F. Bruce [An historical commentary on the Hellenica Oxyrhynchia, Cambridge, 1967], del magnífico status quaestionis de H. R. Breitenbach [Real-Encyclopädie Suppl. XII (1970), cols. 383-426] y la monografía de B. Bleckmann [Athens Weg in die Niederlage. Die letzten Jahre des Peloponnesischen Kriegs, Stuttgart-Leipzig, 1998], muchos han sido los que se han acercado a esta obra, pero en la mayoría de los casos sus estudios han pecado de parciales y dependientes, así como de apriorísticos, ya que sus planteamientos se basaban en determinadas presuposiciones y convicciones de los investigadores a favor o en contra de determinado candidato de autoría o de una cronología específica, de manera que sus argumentos distorsionaban e incluso desvirtuaban su acercamiento a la obra; por otro lado, bajo la presuposición de un ático monótono y regular se ha obviado un estudio lingüístico de esta obra histórica, por lo que este tema queda en el debe de todos los helenistas; en cuanto a nuestro país, salvo los estudios de J. Pascual González, parciales por cuanto sólo tratan temas relativos a Beocia y a la Guerra de Corinto, y algunas noticias generales, pocos son los que han afrontado el estudio de algún aspecto de las Helénicas de Oxirrinco y casi siempre de manera tangencial, por cuanto sus aportaciones se han producido por el estudio de otros historiadores. Con todo, es una gran noticia que, un siglo después, las Helénicas de Oxirrinco sigan siendo objeto de constantes ediciones, revisiones y estudios que aportan, sin duda, nuevas perspectivas sobre la obra para que ya no vuelva a caer en el olvido.

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