Una colega amiga, Berta, me ha hecho llegar un reportaje de Ramón J. Campo titulado "Soldados romanos: Los deportistas del siglo III", publicado en El Heraldo de Aragón del domingo 15 de febrero de 2009.

En el artículo se hace referencia a un estudio antropológico de cinco esqueletos de legionarios romanos del siglo III d. C., encontrados en 1988 en una de las necrópolis de la Caesar Augusta romana, en la actual calle Predicadores de la capital aragonesa. El estudio, dirigido por José Luis Nieto, director del departamento de Anatomía e Histología de la Universidad de Zaragoza, junto con Salvador Baena, antropólogo forense del Instituto de Medicina Legal de Aragón, y Jesús Obón, odontólogo, con el apoyo y la asesoría de M.ª Pilar Galve, arqueóloga del Ayuntamiento de Zaragoza.

Estos legionarios contaban con unos 25 años de edad (con un error de +/- 4 años) y contaban con físico envidiable: su altura rondaba el 1,70 metros, lo cual es bastante para la época; del estudio se desprende que el esfuerzo físico continuado de estos soldados era tal que los huesos no podían crecer más, dando pureba de ello el crecimiento de los huesos cerca de las articulaciones debido a su degeneración. La configuración de sus cuerpos hace pensar en que tenían una gran masa muscular, es decir, eran auténticos atletas, con sus lesiones.

Como consecuencia de las largas caminatas a las que se veían obligados los legionarios, huesos de sus pies, como el cacáneo o el metatarsiano, presentan fracturas por sobrecarga y estrés; se detecta que tienen "rodilla de saltador", propia de los atletas que saltan mucho y que en el caso de estos soldados se debería al hecho de caminar por suelos inestables y accidentados; sus talones de Aquiles también por el impacto de los pie contra el suelo. También hay otras partes dañadas: se han encontrado lesiones en hombros y en la cintura escapular (por la carga y por el lanzamiento de las armas) y otros tipos de lesiones óseas que, muy probablemente, irían acompañadas de lesiones musculares y de las articulaciones.


De sobras es sabido que los legionarios solían ser alistados a edades muy tempranas (16 años) y por lo general eran sometidos a marchas de unos 30 kilómetros diarios cargados con sus armas e impedimenta, que llegaban a pesar entre 20 y 40 kilogramos, con un calzado de cuero poco protector con sus pies.

Por otro lado, sus dentaduras también aparecen dañadas, sobre todo, por miedo y estrés en las batallas; los desgastes parecen obedecer al castañeteo de los dientes y al apretar las mandíbulas y mantener presionados los dientes.


A pesar de su físico, según los estudiosos, comparable al de medallistas olímpicos acutales, los legionarios en cuestión murieron muy jóvenes, 25 años, y no hay signos de muerte violenta en ninguno de los cinco. Conviene decir que la esperanza de vida por aquel entonces apenas llegaba a los 40 años y entre soldados se puede establecer en torno a los 30 años. Probablemente, estos legionarios fueran soldados procedentes de Centroeuropa, por una fíbula de plata cosisa a una manta que procedería de la antigua región romana de Panonia, actual Hungría. Su presencia en estas tierras podría deberse a los trabajos de reconstrucción de la muralla romana de la ciudad y coincidiendo con el acontecimiento de algunas incursiones militares en la zona durante dicho siglo III d. C.

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