Ayer nos acercamos hasta las faldas de Moncayo y al lado del Monasterio de Veruela, en el término municipal de Vera de Moncayo, ya lindante con Trasmoz, tuvimos la oportunidad de visitar el poblado celtíbero de La Oruña, con la suerte de que una de las arqueólogas que desarrolla allí sus trabajos nos hiciera de guía del yacimiento.
En una loma, enclave típico de los poblado celtíberos cerca de un cauce fluvial, en este caso el río Huecha, se encuentran los restos de dicho poblado, descubierto por los jesuitas del monasterio ya a finales del siglo XIX. Fueron ellos los que realizaron las primeras tareas arqueológicas, aunque muy lejos de la metodología actual. En un afán por localizar objetos y materiales valiosos, se intuye que debieron de quitar los revoques de las paredes (aunque no se sabe con seguridad), excavando las viviendas hasta la piedra madre de la loma. Además, tras llevar al monasterio gran parte de los materiales encontrados (espadas, monedas, cerámicas, etc.) no se llevó a cabo un trabajo exhaustivo de catalogación y con el devenir del tiempo y la historia, gran parte de dichos restos han desaparecido o no se sabe nada sobre su paradero. Realmente, los restos estuvieron custodiados en el Monasterio y después se trasladaron al Centro de Estudios Turiasonenses. En 1984 se hizo un estudio y catalogación de esos materiales ( de lo que había) y la mayoría de ellos siguen allí.
El análisis del yacimiento y sus restos dejan claro que ya está habitado en el siglo IV a. C. y que su abandono se produce de un modo paulatino a partir de inicios del siglo I d. C. y es un poblado claramente celtíbero. La aparición de muchas monedas de plata (de hecho aquí está la ceca de monedas de plata más productiva del mundo celtíbero, por ahora), la dimensión del yacimiento, las murallas, la existencia de al menos tres instalaciones alfareras, hacen pensar que es un yacimiento importante. En este sentido, los estudiosos todavía no han identificado el poblado con ninguna población celtíbera conocida: algunos sostienen que sería el primitivo asentamiento de la Turiazu celtíbera (y que, tras su abandono, en época romana con la denominación latina de Turiaso se establecería en el actual emplazamiento de Tarazona, junto al río Quiles), otros piensan que no es Turiazu y que debe ser identificada con algunas de las ciudades celtíberas no identificadas (¿Carabis?, ¿Arakorata (identificada en realidad con Muro de Ágreda?, ¿Complega?, ¿...?).
En el yacimiento, del que se ha excavado apenas el 5 o el 10%, puede verse restos de la muralla, restos de los muros de las casas de dos manzanas (insulae en terminología romana) y, sobre todo, los restos de tres instalaciones alfareras.
Uno de los mayores atractivos del yacimiento es la localización del que muy probablemente es el mayor horno de alfarería conservado en la Península Ibérica, con toda seguridad en el ámbito celtíbero, pero habría que ver si no es también uno de los más grandes del período pre-romano no celtíbero y romano.
Este horno tiene un diametro de unos 4,75 metros, incluidos los muros, que, por cierto, no son de adobe, sino de roca y revestidos de adobe. En un horno tradicional hay dos cuerpos: el inferior, que era una cavidad con una entrada por donde se introducía la leña y se creaba el calor necesario, mientra que encima de la cavidad estaba la cámara donde se ponía a cocer la cerámica; el techo de la cavidad, que hacía de suelo de la cámara, se denomina parrilla; para permitir el paso del calor, pero no de las llamas, se hacían toberas. La temperatura media de cocción de la cerámica celtíbera ronda los 900 grados, por lo que la temperatura interior del horno tenía que ser muy superior.
Pues bien, en el citado horno, actualmente en proceso de excavación, hay dos entradas para la leña, separadas por un muro que sostenía la gran parrilla y la gran cámara de cocción; en las paredes del horno se comprueba la vitrificación del adobe por las altas temperaturas, creándose auténticas paredes verdes y negras de adobe petrificado; también se ha comprobado que el horno fue revestido al menos en tres ocasiones, pues se han encontrado tres capas distintas de adobe petrificado y, como curiosidad, todavía se ven los surcos hechos con los dedos de las manos de los albañiles al revestir el interior del horno con arcilla. También son visibles las toberas, grandes y pequeñas, en forma de codos, para que no llegaran llamas al interior de la cámara. Las grandes dimensiones del horno (entre otras cosas, debido a que en él se cocían grandes vasijas, semejantes a las dolias romanas, para almacenar y transportar mercancias; una vasija, de casi 80 cms. de altura, conservada casi en su totalidad, se muestra en el Centro de Intepretación) y la existencia de otros dos alfares suponen que el poblado era de una dimensión considerable y que estaba en las rutas comerciales.
Este hallazgo, quizás deba obligar a rehacer la visión del yacimiento y su vinculación con la metalurgia. Tras las noticias de autores como Marcial y Plinio que indican que en la zona del Moncayo se hacían las mejores espadas de aquella época, hacía presuponer que en la zona había instalaciones metalúrgicas; de hecho, se han incontrado infinidad de esquirlas de hierro en todo el Moncayo, pero los tres alfares de La Oruña no tienen restos metalúrgicos, sino única y exclusivamente cerámicos, por lo que no se pueden adscribir a una explotación metalúrgica. No obstante, ello no supone que no haya instalaciones metalúricas, pero parece frecuente que se encuentren junto a otras instalaciones por cuestiones de seguridad (incendios, contaminación, etc), porque utilizan los mismos materiales para el trabajo y que siempre se sitúen fuera de los asentamientos.
Por último, decir que junto al poblado, al pie de la loma, se han localizado los restos de una villa romana, pendiente de su excavación. Ello podría suponer una cierta continuidad de habitabilidad desde el período celtíbero al romano en la zona, donde, por otro lado, (no sólo en Turiaso) hay numerosos restos pre-romanos y romanos.
Ahora el poblado está señalizado y tiene algunos paneles informativos: para llegar hay que tomar la carretera que va de Vera de Moncayo al Monasterio de Veruela; frente al monasterio hay un restaurante con un aparcamiento asfaltado; desde este aparcamiento sale un camino rural y a unos 1000 metros del aparcamiento está el yacimiento; puede dejarse el coche en el aparcamiento, pues el camino no es complicado para hacerlo a pie, pero si se prefiere, al pie del poblado hay un aparcamiento acotado entre los campos de cereal y de almendros. Postes con señales de recorridos senderistas anuncian al menos en dos ocasiones el camino del poblado. El recorrido se puede completar, desde Marzo de 2009, con una visita al Centro de Interpretación del Poblado Celtibérico de La Oruña, muy didáctico y entretenido, que se encuentra en la localidad de Vera de Moncayo, junto al pabellón de deportes en la propia carretera, a unos 3 kms. del yacimiento, donde se exponen objetos localizado en el yacimiento y se complementa con dioramas, la reproducción de una vivienda celtibérica, audivisuales. Por lo general y fuera de la temporada de verano, el Centro sólo es visitable los fines de semana.

2 Comments:

  1. Javier ANDREU PINTADO said...
    Tenemos telepatía, querido amigo. Hoy precisamente, terminaba de pulir (aunque le quedan unos retoques) una entrada sobre Bursao para mi blog y me lamentaba de que no hubiera en red nada digno sobre este singular enclave, tal vez, como comentas, la antigua TuriasU celtibérica (TuriasO sería el topónimo latino). Por supuesto, en el borrador de esa entrada ya lo he linkado. Un saludo y nuevamente enhorabuena
    Javier ANDREU PINTADO said...
    Ya está el post en mi blog:

    http://oppidaimperiiromani.blogspot.com/2009/09/bvrsao-borja.html

    Saludos a todos!

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