Este año el honor de ser el pregonero de las fiestas del Pilar en Zaragoza ha recaído en la figura de uno de los más insignes hijos de esta ciudad, José Antonio Labordeta. Con su característico humor, su sapiencia, su sorna y su tradición, no ha defraudado: ha criticado al ayuntamiento, a los políticos y, sobre todo, a esos constructores que se han cargado irremediablemente el patrimonio cultural e histórico de Zaragoza en menos de 50 años.
Os reproducimos el Pregón:
"De parte del Señor Alcalde de esta inmortal ciudad de Zaragoza, don Juan Alberto Belloch, se hace saber que hoy se inician las festividades en honor de nuestra Señora la Virgen del Pilar.
Paisanas y paisanos; forasteras y forasteros; extraterrestres en general: Estamos sobre un suelo con mas de dos mil años de antigüedad por el que han vivido los Iberos,- los famosos saldubienses de las cantas populares- arrumbados por los romanos que, cansados de las guerras del norte, se asentaron aquí y nos fundaron: Nos llamaron la Cesaraugusta, ¡casi ná!. Y con ellos tuvimos Cardo y Decumena, Foro, Teatro y Puerto Fluvial, Murallas y Coso. Estábamos dispuestos a ser una de las ciudades mas hermosa de la urbe romana; pero entre árabes, cristianos, franceses y constructores recientes nos fueron dejando en la mas viva pelota: Unos nos dejaron la Aljafería, y la denominación de Albaida, la ciudad blanca; menos mal: los franceses, si nos descuidamos, en lugar de haber sido Waterloo la tumba de Napoleón, hubiera sido Zaragoza.
Por si quedaba algo de la gran urbe romana los constructores acabaron tan radicalmente con todos los restos históricos, que ni la mayoría de los Palacios renacentistas soportaron la piqueta de la especulación: La vieja e histórica ciudad sucumbió bajo tanta derribo: Donde había un agujero, una casa. Y así hasta que se pinchó la burbuja: ¡Pum! Pero nos queda el humor, el sentido del humor: El humor surrealista de ser puros monegrinos y hacer de la huerta nuestra mejor señal de identidad: Los tomaticos zaragozanos, los alberges de la ribera, las ciruelas y las lechugas y las borrajas. Todo a punto para ser felices. Bajamos a la ribera del Ebro pensando que es el Sena y, nostálgicos centroeuropeos, miramos la Huerva y el Gállego con la nostalgia de los canales que atraviesan aquellos países del norte.
Cuando volvemos a la realidad nos decimos: A Zaragoza o al Charco, porque menudas narices tiene tu padre como para que le quiten la boina. Y lo habían dejado en pelota viva los asaltadores escondidos en la ahora civilizada zona de Pinseque. Y así entre derribos y solares, ailantos y alegría, imaginación y buen rollo, somos capaces de criticarnos a tope mientras soportamos este maravilloso clima que nos derrumba al sol, nos arrastra al cierzo y nos hace que una jota bien cantada, en la suavidad de una noche serena, nos ponga los pelos de punta y la nostalgia nos llene de ternura por esta ciudad romana, arábiga, judeo cristiana que podía haber sido Roma pero que es Zaragoza:

Somos igual que nuestra tierra
Suaves como la arcilla
Duros del roquedal.
Hemos atravesado el tempo
Dejando en los secanos
Nuestra lucha total.
Vamos a hacer con el futuro
Un canto a la esperanza
y poder encontrar tiempos
cubiertos con las manos
los rostros y los labios
que sueñan libertad.
Somos como cómo esos viejos árboles.

Señor Alcalde: Ojico con el tranvía y vivan las fiestas del Pilar".

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