El pasado Jueves 22 de Abril apareció en el suplemento "Aragón, un país de montañas" del Heraldo de Aragón un interesante estudio firmado por la editorial PRAMES sobre una de las problemáticas tratadas en este blog: los puentes romanos o medievales de Aragón.  Reproducimos el artículo entero a continuación.

PUENTES, OBJETO DE ESTUDIO

"Los puentes son hitos sugestivos enel camino al que pertenecen y del que son indisociables. Son construcciones que permiten visualizar la capacidad técnica, económica y organizativa de una sociedad en un determinado estadio cultural, a la vez que señalan puntos estratégicos en un paisaje al que contribuyen a humanizar y jerarquizar

Pese a su importancia, tanto para el desarrollo socioeconómico como para el dominio de un territorio, y a su indiscutible atractivo visual y literario, las investigaciones y estudios sobre puentes escasean.

Estas infraestructuras parecen figuras menores respecto a otros inmuebles patrimoniales, como si estuvieran imbuidos par la misma facultad de tránsito que le es propia. También es cierto que la prevalencia de lo ingenieril sobre lo artístico, en la mayoría de los casos, hace que sean objetos difusos para la historiografía del arte, a menudo inclinada a la categorización y al enfoque formalista. Asimismo, la documentación suele pasar de puntillas sobre la mayoría de ellos y, cuando se detiene, es para ofrecer una nota breve o al dictado de una circunstancia que interrumpe un devenir cotidiano (destrucciones, reparaciones, tributaciones, etc.). Los puentes remiten más bien a los trasuntos de la intrahistoria y sólo en contadas ocasiones la memoria los eleva a escenarios de trascendencia histórica.

Por todo ello, son de sumo interés estudios como los de María Teresa Iranzo Muñío cuya tesis de licenciatura “Contribución al estudio de la red viaria aragonesa medieval y los escritos de ella derivados”; convierten a esta investigadora en la principal referencia para acercarse a los puentes históricos de Aragón, y no y sólo a los de raíz medieval.

Los problemas de datación de estas infraestructuras viarias, debido a su semejanza con sus predecesores y modelos romanos y a la continuidad de un uso que provoca sustituciones y yuxtapone reformas hacen que los límites temporales sean mucha veces dudosos y flexibles.

La cuestión cronológica se complica con las realizaciones más populares y utilitarias, aferradas a fórmulas edilicias que se repiten a lo largo del tiempo.

Otra mención obligada son las investigaciones de María Ángeles Mogollón Botaya, cuyos estudios sobre la red viaria romana en el valle del Ebro y, fundamentalmente, en Aragón ayudan a dilucidar el origen de algunos de nuestros puentes. Y más allá de la dicotomía romano-medieval, debemos citar los trabajos de Jesús Liz, Antonio Naval, Isabel Álvaro, Javier Ibáñez, Carlos Blázquez y Severino Pallaruelo, cuya pulcritud y lucidez permiten afinar allí donde el ojo poco avezado o el documentalista poco escrupuloso fracasan. Desde estas líneas reconocemos nuestra deuda con todos ellos.

En cualquier caso, puentes romanos y medievales son protagonistas indiscutibles en el territorio altoaragonés, por su antigüedad, su belleza y la casi ausencia de obras posteriores de alta calidad. Conviene, por tanto, aportar unas pocas y someras claves para diferenciarlos. A grandes rasgos, las obras romanas son de factura más cuidada; habitualmente, presentan tajamares triangulares a contracorriente y espolones o contrafuertes de planta rectangular -en menor medida, circular- a favor de ella; estas defensas se adosan a los muros de los machones o pilas, no se traban a ellos, y suele elevarse hasta el arranque de los arcos o poco más.

Por su parte, los puentes medievales se caracterizan por la estrechez de su calzada lo que reduce el número de cimbras a emplear para voltear las bóvedas; su perfil dibuja una cuesta el típico "lomo de asno", que evita acumular excesivo material en los estribos o apoyos de las orillas; los tajamares y espolones, triangulares en ambos casos o triangulares y circulares respectivamente, alcanzan la altura de la plataforma o tablero, donde forman apartaderos; las pilas son gruesas que en los puentes romanos, un rasgo que como los anteriores denota una pericia técnica; y en época gótica se introduce el arco ojival.

En cuanto a los vanos que perforan, estribos o enjutas, tanto para descargar peso como para aliviar agua en caso de riada, son un préstamo romano.

De un modo u otro y con las lógicas variaciones que establecen el tiempo y las corrientes locales, la ingeniería romana sentará las bases constructivas de los puentes hasta el siglo XIX, cuando comience la introducción de nuevos materiales, como el hierro y el hormigón armado, y se generalice la profesión de ingeniero".

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