David Chic firma un artículo en El Períodico de Aragón con el título de "Técnicas para ponerle fecha al pasado" y bajo-título "Un curso internacional dirigido a profesionales está analizando estos días en la Universidad de Zaragoza los avances en los procesos utilizados para datar el patrimonio histórico" para dar a conocer la celebración del curso  Ciencia y pasado, de los métodos antiguos a las nuevas tecnologías organizado por la Universidad de Zaragoza.  Os reproducimos la información.

Para conocer cuándo comenzó el ser humano a comer chocolate es imprescindible la arqueología molecular. Para saber cuándo se creó bronce por primera vez, la arqueometalurgía. Y para conocer las novedades en ambas ciencias la Universidad de Zaragoza ha organizado un curso internacional que está mostrando las últimas técnicas analíticas para datar el patrimonio histórico. Además de con expertos en las dos disciplinas citadas, cuenta con representantes de todas las ramas que intentan ajustar lo más posible nuestro conocimiento de la antigüedad, como químicos, físicos, geólogos o arqueólogos.
El curso, llamado Ciencia y pasado, de los métodos antiguos a las nuevas tecnologías ha sido organizado por segundo año por la investigadora Josefina Pérez-Arantegui, que lidera una línea de trabajo en la caracterización analítica de patrimonio, dentro del grupo de Espectroscopía Analítica y Sensores del IUCA.
Este equipo tiene gran experiencia en la obtención de información química de los materiales patrimoniales. Como cerámica, pintura y residuos orgánicos, datos imprescindibles a la hora de conocer los materiales utilizados en la composición del patrimonio cultural. Estos datos a su vez ayudan a certificar la datación de cada pieza, o garantizar si realmente pertenecen o no a la época en la que ha sido datada previamente, a conocer cómo se realizó y a contribuir a su conservación. Muchos de los trabajos desarrollados en estos años han sido solicitados desde los propios museos y excavaciones arqueológicas, tanto de Aragón como de otras partes de España.
Entre las ponencias más interesantes de las que se están desarrollando en Zaragoza destacó la intervención de Michael Tite, de la Universidad de Oxford, cuyo laboratorio participó en la datación de la Sábana Santa y que trató los últimos avances en química analítica para poner fecha a los vidrios.
Además, también intervino Salvador Rovira, conservador jefe del departamento de conservación del museo Arqueológico Nacional, que disertó sobre la producción de bronces. Rovira explicó la necesidad de la experimentación en la reproducción de los sistemas de fundición de hierro para conocer los procesos usados en la antigüedad, de forma que se pueda descubrir la composición de las piezas históricas o las técnicas usadas en su fundición. En este sentido, formuló la pregunta fundamental de si los resultados de la reproducción son similares a los que se pueden obtener con los restos arqueológicos y concluyó que sí. Siempre que se realicen los experimentos con estructuras similares a las halladas en contexto arqueológico no solo para comprobar su eficacia funcional, sino para conocer con más detalle cuestiones tales como el rendimiento, el consumo de combustible y, en general, aquellos parámetros que pueden ser útiles para elaborar en el futuro modelos tecnológicos y económicos aplicables a una mejor evaluación de la siderurgia.
Otro de los puntos que abordó, y en los que la arqueosiderurgia todavía no ha encontrado un punto de acuerdo, fue la creación de la aleación del bronce. La técnica más habitual consistía en mezclar mineral de cobre --calcopirita o malaquita-- con estaño --casiterita-- en un horno alimentado con carbón vegetal.
Por su parte, la experta británica, Linda Reynard, del laboratorio que colabora con la universidad en el estudio de los restos de los reyes de Aragón, abordó los avances de la arqueología biomolecular, especialidad centrada en el estudio de las moléculas biológicas, de forma que se pueden aprender aspectos relacionados con la dieta, la movilidad, la demografía, las enfermedades y las prácticas sociales de las poblaciones de la antigüedad como el consumo de drogas. Según Reynard la arqueología biomolecular hace buena la sentencia de que somos "lo que comemos".
Reynard destacó que la nueva técnica, que se ha apuntado éxitos de gran repercusión mediática como la datación de los vinos de la antigüedad, permite estudiar las diferencias de alimentación entre individuos de distintos continentes gracias al análisis de las queratinas de los cabellos. Siguiendo por este camino los estudios han logrado determinar las relaciones e influencias que se producían entre las poblaciones. Además, entre otros resultados, se ha podido documentar el primer consumo de leche animal entre seres humanos o el uso del chocolate en centroamérica.

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