Ya hace unos meses os anunciábamos las visitas teatralizadas que con el título de Una de Romanos se están realizando los Sábados de este verano; aún os quedan los de Septiembre y el 1 de Octubre para seguir este recorrido ameno y didáctico sobre el pasado romano de Zaragoza.
Además, ahora la web de GOZARTE, los responsables de dichas visitas teatralizadas, han añadido en su web una información interesante sobre lo que se hace en la visita, pues han añadido un personaje nuevo Augusto, acompañado de su rana: La Escultura Viajera se llama esta parte de la visita. Así pues, os la pasamos a continuación:
"¿Tenéis algún sábado libre de aquí al 1 de octubre? Pues ya tenéis plan: participar en la visita teatralizada “Una de romanos” organizada por Zaragoza Turismo y Gozarte. Se está rodando en la ciudad una película de romanos “de las de antes“, y eso no os lo podéis perder. Conoceréis a Martina Martini, la diva del cinema italiano; participaréis en una súperproducción (o eso dice su director) de las que ya no se hacen; visitaréis dos de los museos de la Ruta de Caesaraugusta, el Foro y el Teatro; probaréis una auténtica tapa romana con una cerveza Caesaraugusta; y acabaréis viendo el audiovisual nocturno del Teatro romano. ¿Quién da más? Una auténtica experiencia, os lo aseguro.
De todo lo que veréis en la visita, hoy vamos a hablar de una escultura que a lo mejor os suena, entre otras cosas porque a lo mejor también la habéis visto en Tarragona, Mérida, Astorga… ¿La misma? ¿Qué lío es éste? Bueno, la misma exactamente no. En realidad, lo que pasa es que el original está en Roma, en los Museos Vaticanos, y lo que se puede ver en todas esas ciudades que os hemos dicho y en alguna otra son copias en bronce hechas a partir de ese original. ¿Por qué razón? ¿Cuál es el motivo de que haya esculturas iguales en sitios tan distintos? ¿Os apetece verla con más detenimiento?
Vayamos por partes. La escultura representa a Augusto, con el que acaba la República y comienza el Imperio en Roma. Aunque nunca recibió el título de emperador lo fue a todos los efectos, y de hecho aquí se le ve en actitud de mando y con un porte completamente imperial. Parece que la decisión de fundar nuestra ciudad vino de él, y de ahí su nombre: Caesaraugusta. Hay otras ciudades relacionadas con él que también llevan el apellido Augusta, como Astorga (Asturica Augusta, en tierra de los astures) o Mérida (Emerita Augusta, fundada con eméritos, licenciados de las legiones romanas), pero sólo a una le dio su nombre completo: a la nuestra. ¿Por qué? Pues tenemos que confesar que no tenemos ni idea, aunque alguna cosa sospechamos. Por ejemplo, que a lo mejor tomó la decisión coincidiendo con su cincuenta cumpleaños (que hoy es una fecha importante pero entonces mucho más, por la sencilla razón de que la mayor parte de la gente no llegaba a cumplirlos) y fue una forma de celebrarlo. Eso tuvo lugar en el 14 a.C., y la arqueología nos dice que Caesaraugusta se debió de fundar por esa fecha. En fin, que coincide, así que parece una hipótesis creíble.
La cuestión es que esta escultura no apareció aquí, sino en Roma. Se encontró en 1863 cuando se excavaba una villa palaciega en la que al parecer se retiró Livia, la esposa de Augusto, cuando éste murió (las malas lenguas, que nunca descansan, dicen que ella envenenó los higos directamente en el árbol del que él los comía). La villa estaba en los alrededores de una zona conocida como Prima Porta, y de ahí el nombre con que se conoce la escultura. Parece ser que Livia no debía poder vivir sin tener cerca la imagen del hombre con el que compartió su vida (y parece que también la muerte; la de él, claro), y encargó una copia en mármol de una escultura en bronce que había en Roma, seguramente en un lugar público como el Foro.
La escultura tiene restos de color, algo que puede parecernos sorprendente pero que era bastante normal. El color es frágil y siempre es lo primero que se pierde, pero si os imagináis que las esculturas antiguas eran de un blanco resplandeciente… ya podéis ir olvidándolo. A los griegos y a los romanos les gustaba el “colorín”, hasta un punto que a nosotros podría parecernos hasta un pelín hortera (los gustos cambian y siempre intentamos adaptar todo al nuestro, al del presente). Colores fuertes para luces intensas y cegadoras como las del Mediterráneo.
Cabeza de Augusto aparecida en Tarazona y conservada en el Museo de Zaragoza
Seguramente la principal diferencia entre la escultura romana y la griega es que la primera es muy realista, con retratos llenos de verdad, de vida y de intensidad, pero en época de Augusto se vuelve la mirada hacia Grecia y lo que se lleva es la idealización (Augusto era enfermizo, no muy alto… nada que ver con esto). De hecho, lo que tenemos aquí no es propiamente un retrato de Augusto (si entendemos retrato como una representación más o menos realista de las características físicas), sino una idealización que resume todas las virtudes que debe reunir alguien tan excepcional como para ser capaz de gobernar el Imperio. Por cierto, que junto a la cabeza del Augusto de Prima Porta podemos ver una pequeña joya aparecida en Tarazona, no lejos de aquí. Es una cabeza de Augusto hecha en sardónice que hoy pertenece a la magnífica colección de arte romano del Museo de Zaragoza. En los dos casos, y aunque la de Tarazona está hecha bastante después, parece más la cabeza de un dios que la de un humano.
Augusto aparece representado como general en jefe, probablemente con un bastón de mando en la mano izquierda y una corona de laurel en la derecha (ambos desaparecidos). Lo más llamativo es la coraza, llena de una decoración que para nada es casual. Todo está ahí por algo, para contar algo: que Augusto ha sido el que ha traído la paz y la prosperidad al Imperio. Pura propaganda política, por supuesto. Vamos a ver sólo algún detalle:
En la parte de abajo de la coraza, en el centro, aparece representada la Tierra, recostada y con un cuerno de la abundancia en la mano. Es evidente el significado, ¿no?
En el centro hay dos hombres. El que está a la derecha lleva falda corta y un estandarte en sus manos. En realidad es la insignia de una legión romana que fue capturada por los partos, un pueblo de Asia Menor. Aquello fue una tremenda humillación para Roma, y por eso recuperar esa insignia fue algo prioritario. Finalmente se consiguió, y lo que aparece aquí es uno de los partos entregándosela a Marte, el dios romano de la guerra.
A los lados de estos hombres hay dos mujeres sentadas: Hispania y la Galia, completamente pacificadas en época de Augusto.
Con todo lo que llevamos dicho no es extraño que a Augusto le considerasen un dios ya en vida, y de hecho aquí aparece descalzo, como los antiguos dioses olímpicos (si hubiese sido simplemente una representación de un humano se hubiera representado el calzado con el mismo detalle que el resto de la ropa). Pero es que además en la escultura de mármol aparece algo que no está en las copias de bronce, incluida la de Zaragoza: Cupido cabalgando sobre un delfín junto a su pierna. Con eso ya quedaba definitivamente claro que Augusto pertenecía a la estirpe de Venus, de la que Cupido era hijo (y también Eneas, el fundador de Roma y protagonista de “La Eneida“, escrita en época de Augusto, que nada es casualidad). Vamos, que era uno de los inmortales, nada más y nada menos. Lo dicho, una obra maestra de propaganda política.
Y vamos llegando otra vez al principio. ¿Qué hace Augusto aquí? Ya hemos dicho que la ciudad se fundó en su época y probablemente por decisión suya, y en 1940 Mussolini regala, para recordarlo, una copia en bronce de la escultura de mármol a varias ciudades fundadas por Augusto o que habían tenido una relación especial con él. La escultura, al principio, se colocó en una glorieta en la plaza de Paraíso, pero finalmente se trasladó a su ubicación actual cuando se reformó todo el entorno del mercado (eso sí, como vivimos en una ciudad de monumentos viajeros no podemos asegurar que siga aquí para siempre; al fin y al cabo, siempre es demasiado tiempo, así que…). Por cierto, la original que regalaron los italianos es ésta, y la que hay en la entrada del Ayuntamiento es una copia más pequeña y de peor calidad que se hizo más tarde.
Detrás de Augusto se ven cuatro grandes “arcos” que representan lo que el autor considera las cuatro grandes etapas de la historia de la ciudad (íbera, romana, musulmana y actual), pero lo que más llama la atención es… una pequeña rana. ¿Qué pinta ahí?
¿Qué hace aquí esta misteriosa rana? ¿O no es tan misteriosa?
Os dejaremos con la incógnita, y si queréis averiguarlo… podéis participar en nuestro “Safari a la fresca“. Os esperamos a todos en ella todos los jueves de septiembre a las 21’00, y en la visita teatralizada “Una de romanos” todos los sábados a las 20’00, hasta el 1 de octubre".

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