En este caso al decir Cella romana no estamos hablando en latín ni refiriéndonos a bodegas o celdas romanos, sino al pasado romano de la localidad turolense de Cella, famosa entre otras cosas por sus infraestructruas hidráulicas (el acueducto romano de Albarracín-Cella y el mayor pozo artesiano de Europa de época medieval).  Hace poco me preguntaban por qué existía ese acueducto romano tan grande  y largo, si no había grandes localidades romanas destacables por esa zona.  Pues bien, ayer casualmente me llegó un email de Antonio Hernández, uno de los socios creadores de Acrótera (Gestión de Patrimonio) -y al que damos las gracias-, en el que me llamaba la atención sobre una entrada en su blog ("Huellas del pasado romano en Cella (Teruel)" sobre el pasado romano de Cella, punto final del acueducto encuestión.  Os paso la entrada con los enlaces pertinentes y fotografías de dicho blog por si os interesa saber más sobre este período histórico en Cella:
"Aprovechando que en pocos días retomaremos la intervención arqueológica que venimos desarrollando los arqueólogos de ACRÓTERA en las calles de Cella (Teruel), creemos oportuno dedicar algún contenido a las huellas arqueológicas del pasado en esta localidad, probablemente desconocidas para la mayoría de vosotros.
Seguramente, la obra pública más original y sorprendente del Aragón romano es el acueducto de Albarracín a Cella, el cual viene siendo considerado como uno de ejemplares de mayor interés de toda Hispania. Si bien la huella del pasado romano en nuestra comunidad es considerable, no son muchos los restos de infraestructuras de carácter hidráulico que han llegado hasta nosotros en buen estado. De los acueductos conservados, junto al ya citado, podemos sumar el que abastecía a la ciudad de Los Bañales (Uncastillo), el cual viene siendo investigado desde 2009 por el equipo dirigido por Javier Andreu. Frente a otros ejemplos de acueductos próximos a ciudades de gran entidad, el destacable estado de conservación y el extraordinario diseño del caso de Albarracín/Cella ven incrementada su consideración si se tiene en cuenta su exacta localización: alejado de las grandes urbes y en pleno Sistema Ibérico, lo que correspondería al interior rural de la provincia tarraconense, en uno de los confines de la antigua Celtiberia.
Es éste carácter “rural”, por llamarlo así, el que explica el gran interés que despierta, y, sobre todo, el retraso a la hora de ser investigado, puesto que el primer artículo que se le dedica es de 1981, al que le siguen otros trabajos en 2002, 2007 y 2009. Se trata de un corpus bibliográfico todavía reducido, que no hace justicia a los numerosos y variados trabajos arqueológicos realizados hasta el momento, especialmente los dirigidos por Jaime Vicente y Beatriz Ezquerra, y Jesús Franco. (En el siguiente enlace se obtiene una adecuada presentación histórica al acueducto). Sin embargo, las magnitudes del propio acueducto tiene poco de rural, y por sí solas son una evidencia rotunda de la existencia de una considerable demanda de agua, asociada principalmente al núcleo de población que se situaría final de su trazado: la Cella romana, cuyo topónimo desconocemos.
La vinculación entre uno y otro, entre el Acueducto y Cella como ciudad destinataria del agua, fue puesta de manifiesto en los años 1998-1999 tras una exitosa intervención arqueológica dirigida por Jaime Vicente y Beatriz Ezquerra, del Museo de Teruel, las cuales permitieron documentar adecuadamente evidencias del núcleo urbano de época romana. Los dioses fueron propicios a este equipo de arqueólogos, puesto que los sondeos abiertos localizaron consistentes evidencias materiales del pasado romano. Especialmente hay que señalar e hallazgo de un gran depósito que se conserva bajo los actuales corrales, y que probablemente pertenezca al sistema de almacenamiento y distribución del agua conducida por el Acueducto (Ver imagen inferior). Este proyecto, iniciado en 1997 cuando el Museo de Teruel retomó la investigación del acueducto interrumpida en 1983, es la que condujo a la declaración en diciembre de 2002 como Bien de Interés Cultural del Acueducto y de la Zona de prevención arqueológica en el casco urbano de Cella. A partir de este momento, se entra en otra nueva fase, caracterizada por la protección, documentación y conservación del pasado oculto de una manera regular, en la que hay que reseñar la colaboración de las autoridades locales y de los promotores de nuevas viviendas, los cuales tienen que hacer frente a la financiación de la actuación arqueológica.
En el caso de las poblaciones vivas, el conocimiento de su pasado arqueológico viene condicionado, sobre todo, por la actividad urbanística. En el caso particular de Cella, la renovación del tejido urbano de su casco antiguo ha resultado ser poco dinámico hasta el momento, lo que no ha permitido llevar a cabo excavaciones arqueológicas de cierta entidad. Sin embargo, a raíz de la declaración de la Zona de Prevención arqueológica de Cella, se viene realizando un seguimiento arqueológico en las obras que afecten a los viales, que han sido dirigidas por Julián Ortega en 2000-2002 y, desde 2003, por Antonio Hernández y Jesús Franco, incorporados a la dinámica de la investigación arqueológica y continuando la labor desarrollada con anterioridad desde el Museo de Teruel.
Parece claro que al menos desde mediados del siglo I a.C. existe un poblado que ocupa el extremo norte del escarpe natural, bajo los actuales barrio del castillo y el entorno de la plaza Mayor, habiéndose descubiertos restos constructivos pertenecientes a viviendas. Para entonces, es probable que en el actual emplazamiento de la Fuente y la huerta de Cella se extendiera una zona pantanosa, en la cual el caudal procedente de unos ojos (antepasado de la Fuente) se encharcaría debido a la escasa pendiente del terreno.
No obstante, la formación de un vertedero doméstico de grandes dimensiones a partir de la segunda mitad del siglo I permite deducir que, en el entorno próximo, se ubicaría una gran población, la responsable de generar dichas basuras. Fue Montserrat Martínez en 1996 quién dio a conocer estos primeros restos, localizados bajo el edificio del Ayuntamiento. Gracias a las excavaciones en varios solares próximos –especialmente en el llamado solar de la Farmacia- y el seguimiento en las calles se está logrando definir la topografía antigua, con una profunda y extensa depresión que fue usada para arrojar allí los vertidos urbanos de hace casi dos milenios (Ver imagen inferior). Especialmente, ha sido durante el seguimiento arqueológico realizado en 2008 y durante 2013 cuando se ha podido conocer la extensión de este gran vertedero, el cual parece desarrollarse entre el inicio de la calle del Portillo, inicio de la calle Torres, calle Froilán Morencos, inicio de la calle de La iglesia, calle Cuesta del cine e inicio de la calle Lozanos. En estos viales, el subsuelo ha proporcionado una gran cantidad de vajilla y material constructivo de época romana altoimperial. En el Centro de interpretación del Acueducto, situado en Gea de Albarracín, se muestran las reproducciones de una interesante selección de estos materiales cerámicos. (Desde el siguiente enlace se accede a la página en Facebook dedicada al acueducto romano, gestionada desde su Centro de interpretación. Una amplia selección fotográfica del propio centro de interpretación está albergada en Flickr, y se puede entrar pinchando aquí).
También se han hallados dos fragmentos de lápidas funerarias romanas con epigrafía.
Estas evidencias, que para algunos pueden ser escasas, para otros son suficientes, dependiendo de lo que se espere encontrar y se sepa interpretar. La mirada que lancemos sobre los restos arqueológicos hallados estará desenfocada si no se tiene en cuenta el contexto material, que resulta evidente. En primer lugar, la propia existencia de semejante acueducto pone en evidencia no solo una gran demanda de agua, sino que aquella respondía a unas necesidades políticas y/o productivas de considerable importancia. Además, si tenemos en cuenta la red viaria del período romano, por las proximidades de Cella debía de cruzar una importante vía que a través de los valles del Jiloca y Turia permitía la comunicación del valle del Ebro con el Mediterráneo, de Bilbilis y Caesaraugusta a Saguntum. De esta calzada conservamos un testimonio claro, como es el miliario descubierto en San Blas, población próxima a Teruel, por lo que su trazado discurriría más occidental que la actual carretera N-234. No hay que olvidar que desde finales del siglo I d.C. estuvo en funcionamiento un importante centro alfarero dedicado a la vajilla sigillata en las cercanías a Bronchales, situado en el entorno de Cella. Finalmente, en sus cercanías se sitúa Sierra Menera, con importantes yacimientos de hierro aprovechados desde época protohistórica, cuya explotación pudo dirigirse desde la ciudad de La Caridad (Caminreal) hasta su destrucción hacia el 70 a.C.
Sin embargo, a partir de mediados del siglo II d.C., aproximadamente, los restos arqueológicos desaparecen, quizás a consecuencia de la despoblación de la antigua ciudad, dentro del proceso histórico de ruralización del mundo romano. Parece que el núcleo de población quedó abandonado durante un extenso período de tiempo. (Continuará)".

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